De acuerdo con el Artículo 2º de la Ley Orgánica Constitucional de la Enseñanza (LOCE), el fin último de la educación nacional es el “desarrollo moral, intelectual, artístico, espiritual y físico (de las personas), mediante la transmisión y el cultivo de valores, conocimientos y destrezas enmarcadas en nuestra identidad nacional, capacitándolas para convivir y participar en forma responsable y activa en la comunidad”. En consecuencia, los OF y los CMO de la Educación Media se refieren no sólo al conocimiento como conceptos y procedimientos, sino también a las habilidades y las actitudes que necesitan adquirir los humanos. (Objetivos Fundamentales y Contenidos Mínimos Obligatorios de la Educación Media. Mineduc, República de Chile 1998).
Como vemos aquí, se explicita que la Educación Media debe orientarse, entre otras finalidades, a la formación del carácter en términos de actitudes y valores, preparar a los alumnos y alumnas para insertarse, adaptarse y contribuir a los cambios significativos e importantes en la sociedad.
Los Objetivos Fundamentales Transversales, propuestos por la actual Reforma Educacional, hacen referencia a las finalidades generales de la educación, a los conocimientos, habilidades, actitudes, valores y comportamientos que se espera que los estudiantes desarrollen en el plano personal, intelectual, moral y social.
Para cumplir el objetivo es necesario preparar formadores en educación en valores, es decir, preparar a los docentes con recursos necesarios para atender el desarrollo moral de los educandos. La educación requiere el compromiso moral de todos sus actores, pero especialmente de los profesores. El sistema educativo, cualquiera sea su realidad está sometido constantemente a múltiples estímulos externos, alejados en muchos casos de lo que espera la educación, formar una persona que sea capaz de dirigir su propia vida, basada en la internalización de ciertos valores mínimos, como la libertad, justicia, solidaridad, tolerancia, respeto, que le permitan actuar de manera autónoma e insertarse positivamente en la sociedad.
Un modelo de educación en valores mínimos permite desarrollar las dimensiones de los educandos, haciendo posible que éstos puedan vivir en sociedades donde existen las opciones de máximos valóricos.
Los valores son una realidad personal. No se trata de enseñar un determinado sistema de valores, sino de facilitar procesos personales de valoración. Cada alumno y alumna debe reflexionar y discernir sobre aquellos valores que desea hacer propios, mediante un proceso eminentemente personal.
Se requiere una educación donde el profesorado adquiera un compromiso social y ético que colabore con los alumnos y alumnas para facilitarles el desarrollo y formación de capacidades que intervienen en el juicio y acción moral, facilitando la formación de actitudes, integración, aplicación y valoración crítica de las normas que rigen en una sociedad. Un profesorado que cambie su rol de docente instructor y transmisor de conocimientos, por el fomento y la construcción de valores en sus alumnos y alumnas.
La educación de una persona debe tratar todos los aspectos y dimensiones que conforman al ser humano, de manera integral, por tanto, los valores forman parte de la educación.
Soy una convencida de que el mayor problema de la educación chilena es, sin duda alguna, la falta de compromiso de los profesores con su labor pedagógica. Esta afirmación suena fuerte viniendo de una profesora, pero llevo 15 años en esta profesión y conozco perfectamente a mis colegas, para muchos de ellos esto es un trabajo como cualquier otro, pero se olvidan que la ”materia prima” de nuestra labor son seres humanos en la etapa más importante de sus vidas como son la niñez y la adolescencia. Especialmente en cuanto a la educación en valores, puesto que es más cómodo enseñar sólo la asignatura, cuyos contenidos llevan repitiendo durante muchos años, que “hacerse problemas” tratando de educar al alumno en forma integral. Por una parte los padres dicen que es labor de los profesores y a su vez estos últimos dicen que es labor de los padres. No cabe duda, que ambos tienen razón, porque es labor de los dos estamentos, pero no por separado, sino que en forma conjunta. Cada padre o madre debe buscar el colegio apropiado para sus hijos, es decir, que comparta el proyecto de vida y el conjunto de valores que se le quieren transmitir y a su vez comprometerse a trabajar juntos en pos de aquellos proyectos y de la formación de los niños.
Dentro de las estrategias de formación en valores, indudablemente que el ejemplo cotidiano es la primera forma de educar, esto tanto para los profesores como para la familia. Pero dentro del colegio es necesario establecer parámetros precisos y bien definidos sobre los valores que se quieren educar, de modo que toda la comunidad educativa transite hacia un fin común, por ejemplo seleccionar, en conjunto, uno o dos valores y trabajar en la inculcación de ellos, pero desde todas las perspectivas y todos los estamentos hasta llegar a realizar una evaluación que nos permita saber si se consiguió tal objetivo.
Como vemos aquí, se explicita que la Educación Media debe orientarse, entre otras finalidades, a la formación del carácter en términos de actitudes y valores, preparar a los alumnos y alumnas para insertarse, adaptarse y contribuir a los cambios significativos e importantes en la sociedad.
Los Objetivos Fundamentales Transversales, propuestos por la actual Reforma Educacional, hacen referencia a las finalidades generales de la educación, a los conocimientos, habilidades, actitudes, valores y comportamientos que se espera que los estudiantes desarrollen en el plano personal, intelectual, moral y social.
Para cumplir el objetivo es necesario preparar formadores en educación en valores, es decir, preparar a los docentes con recursos necesarios para atender el desarrollo moral de los educandos. La educación requiere el compromiso moral de todos sus actores, pero especialmente de los profesores. El sistema educativo, cualquiera sea su realidad está sometido constantemente a múltiples estímulos externos, alejados en muchos casos de lo que espera la educación, formar una persona que sea capaz de dirigir su propia vida, basada en la internalización de ciertos valores mínimos, como la libertad, justicia, solidaridad, tolerancia, respeto, que le permitan actuar de manera autónoma e insertarse positivamente en la sociedad.
Un modelo de educación en valores mínimos permite desarrollar las dimensiones de los educandos, haciendo posible que éstos puedan vivir en sociedades donde existen las opciones de máximos valóricos.
Los valores son una realidad personal. No se trata de enseñar un determinado sistema de valores, sino de facilitar procesos personales de valoración. Cada alumno y alumna debe reflexionar y discernir sobre aquellos valores que desea hacer propios, mediante un proceso eminentemente personal.
Se requiere una educación donde el profesorado adquiera un compromiso social y ético que colabore con los alumnos y alumnas para facilitarles el desarrollo y formación de capacidades que intervienen en el juicio y acción moral, facilitando la formación de actitudes, integración, aplicación y valoración crítica de las normas que rigen en una sociedad. Un profesorado que cambie su rol de docente instructor y transmisor de conocimientos, por el fomento y la construcción de valores en sus alumnos y alumnas.
La educación de una persona debe tratar todos los aspectos y dimensiones que conforman al ser humano, de manera integral, por tanto, los valores forman parte de la educación.
Soy una convencida de que el mayor problema de la educación chilena es, sin duda alguna, la falta de compromiso de los profesores con su labor pedagógica. Esta afirmación suena fuerte viniendo de una profesora, pero llevo 15 años en esta profesión y conozco perfectamente a mis colegas, para muchos de ellos esto es un trabajo como cualquier otro, pero se olvidan que la ”materia prima” de nuestra labor son seres humanos en la etapa más importante de sus vidas como son la niñez y la adolescencia. Especialmente en cuanto a la educación en valores, puesto que es más cómodo enseñar sólo la asignatura, cuyos contenidos llevan repitiendo durante muchos años, que “hacerse problemas” tratando de educar al alumno en forma integral. Por una parte los padres dicen que es labor de los profesores y a su vez estos últimos dicen que es labor de los padres. No cabe duda, que ambos tienen razón, porque es labor de los dos estamentos, pero no por separado, sino que en forma conjunta. Cada padre o madre debe buscar el colegio apropiado para sus hijos, es decir, que comparta el proyecto de vida y el conjunto de valores que se le quieren transmitir y a su vez comprometerse a trabajar juntos en pos de aquellos proyectos y de la formación de los niños.
Dentro de las estrategias de formación en valores, indudablemente que el ejemplo cotidiano es la primera forma de educar, esto tanto para los profesores como para la familia. Pero dentro del colegio es necesario establecer parámetros precisos y bien definidos sobre los valores que se quieren educar, de modo que toda la comunidad educativa transite hacia un fin común, por ejemplo seleccionar, en conjunto, uno o dos valores y trabajar en la inculcación de ellos, pero desde todas las perspectivas y todos los estamentos hasta llegar a realizar una evaluación que nos permita saber si se consiguió tal objetivo.

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