domingo, 7 de octubre de 2007

LA EVALUACIÓN DE CENTROS EDUCATIVOS, UNA NECESIDAD Y UN DESAFÍO.

«La evaluación de los centros educativos es uno de los aspectos de más difícil tratamiento por la disparidad de posturas con las que se enfoca el proceso y la multiplicidad de aspectos que influyen e intervienen en el funcionamiento y rendimiento del centro» (Escudero 1980, pág. 15).

La complejidad de un centro educativo - y por consiguiente de su evaluación-, parte de la gran cantidad de variables que intervienen, interaccionándose de múltiples formas entre ellas. Para evaluar centros no podemos limitarnos únicamente al simple proceso de evaluación, sino que ésta debe proporcionar bases para la corrección y la mejora. Se evalúa para mejorar o para cambiar, para tomar decisiones, para buscar las múltiples alternativas que se ofrecen para la superación de las dificultades.

Para esto existe una variedad de modelos de evaluación tanto para Educación Básica como para Educación Media, uno de ellos es el Modelo de Evaluación MEOPA/90, de Vicente Barberá Albalat.

Es frecuente que los centros educativos, como cualquier otra organización, presenten fallos, errores de planteamiento, procesos inadecuados, niveles de logro manifiestamente insuficientes, que requieren cambios difíciles de lograr si no se modifican determinadas actitudes y concepciones desfasadas o erróneas sobre la enseñanza, la educación, la organización o la participación, es por eso que la evaluación educativa está adquiriendo cada vez mayor relevancia, y a esto se debe que en los últimos años hayan proliferado numerosos métodos con el fin de evaluar los centros escolares.

Con respecto al concepto, el término evaluación incluye varias acepciones que se suelen identificar con fines muy diversos: valorar, enjuiciar, comparar, controlar, fiscalizar, etc. Teniendo en cuenta que la evaluación es un instrumento de mejora y reflexión, menciono la definición de evaluación que propone el Comité Mixto de Normas para la Evaluación Educativa, que me parece pertinente y adecuada a este efecto:

«La evaluación es el enjuiciamiento sistemático de la valía o mérito de un objeto. Ahora bien, tal enjuiciamiento o valoración se basa en una recogida sistemática de información que se recoge para entender muy diversos objetivos, pero que pueden quedar englobados en la toma de decisiones de mejora».

La evaluación o autoevaluación puede ser total (de todos los aspectos del centro) o limitarse a algunas parcelas concretas según las exigencias temáticas como la disponibilidad de tiempo y la urgencia en la solución de problemas. Puede analizar resultados de los estudiantes, de cómo se organizan los horarios, de cómo son las relaciones, de cómo se distribuye el espacio, de cómo se trabaja con distintos métodos, etc.

En ocasiones, los cambios implican la resolución de conflictos: los intereses contrapuestos, las diferentes formas de ver una realidad, los objetivos institucionales no aceptados o no asumidos por el personal, las formas autocráticas de gobierno o la dirección anárquica, pueden conducir a situaciones de desgobierno, de descoordinación, de luchas internas que se oponen de raíz al buen funcionamiento del centro.

En mi opinión es necesario buscar métodos que sean muy completos, que sirvan no sólo para valorar al profesorado y al alumnado, sino que también factores que por supuesto son muy importantes dentro del proceso de evaluación, sino que se deben evaluar aspectos del centro escolar como (medio socio-económico–cultural, el edificio y sus medios materiales, la organización y el funcionamiento del centro, los recursos humanos y materiales, etc.), que desde mi punto de vista, también son fundamentales para llevar a cabo una evaluación eficaz que sirva para optimizar todo el proceso educativo y lo que éste conlleva.

"La escuela de calidad es aquella que promueve el progreso de sus estudiantes en una amplia gama de logros intelectuales, sociales, morales y emocionales, teniendo en cuenta su nivel socioeconómico, su medio familiar y su aprendizaje previo. Un sistema escolar eficaz es el que maximiza la capacidad de las escuelas para alcanzar esos resultados. Lo que supone adoptar la noción de valor añadido en la eficacia escolar".

MORTIMORE, J. 1991

Mediante la reflexión y el diálogo, es posible progresar en el desarrollo de formas compartidas de comprensión de los conceptos éticos y de los dilemas contradictorios de las prácticas pedagógicas.

A través del uso del MEPOA (método de reflexión valorativa a partir de los distintos elementos (personales y materiales) que inciden en el ámbito de la comunidad educativa, que facilita la discusión conjunta de las personas afectadas), a través de éste se pretende:

- Reflexionar sobre el clima relacional dentro del Contexto.

- Constatar el clima motivacional humano y las aspiraciones de metas y valores de los miembros de la comunidad educativa.

- Comprobar el nivel de implicación de los elementos personales en la línea funcional.

- Estudiar la organización de los elementos personales como requisito de mejora del proceso.

- Definir modelos de comportamiento discente.

- Reconsiderar los niveles nocionales de las distintas áreas curriculares a raíz del rendimiento del alumnado en general.

- Conocer el nivel de satisfacción del alumnado y de sus padres con las prácticas pedagógicas de los profesores.

· El profesor como modelo. Análisis de la profesionalidad: Responsabilidad, rasgos personales, metodología docente, organización del aula, relaciones entre los miembros de la comunidad educativa.

· Reflexión y análisis de la realidad educativa a través de los indicadores presentes para la evaluación interna del centro.

· Medidas concretas para la resolución de conflictos.

Puede decirse que en la evaluación educativa hay dos dimensiones de análisis:

1) En primer término, una comparación entre lo que es y lo que debe ser una institución educativa.

2) En segundo término, la emisión de un juicio de valor relacionado con los resultados de esta comparación. Ambos aspectos del análisis tienen, por sí mismos, un sustrato idiosincrásico, de concepción y de modo de entender los procesos educativos. La evaluación, en este caso, se concibe como una forma de retroalimentación y control del quehacer institucional, proceso necesario para la toma de decisiones.

EL ROL DEL PROFESOR

“Un PROFESOR hábil es uno que puede abrir un sinnúmero de diferentes ventanas del mismo concepto. (…) Un profesor efectivo funciona como un “agente estudiante – currículum”, siempre vigilante de la búsqueda de prótesis educacionales – textos, videos, sofware – que pueda ayudar a comunicar conceptos relevantes, de una manera tan cautivante y efectiva como sea posible”. (Howard Gardner, en “La Mente Escolarizada”).

Soy una educadora que participa de la creciente percepción de que existe hoy una gran oportunidad para mejorar el proceso de enseñanza – aprendizaje al incorporar adecuadamente los últimos avances en ingeniería del conocimiento y del aprendizaje, en ciencias cognitivas y en las correspondientes metodologías pedagógicas. Puesto que, como Peter Drucker, uno de los principales analistas de la administración moderna que al revisar los cambios radicales que se están produciendo en el paradigma educacional, afirma: “La nueva tecnología ofrece oportunidades de cambios profundos en la enseñanza, similares o mayores a la revolución que provocó el libro impreso en la escuela del 1500”.

En la actualidad se apuesta por un nuevo paradigma educacional, donde el profesor se convierte en un diseñador de estrategias de trabajo para los alumnos, siendo él, nada más que el mediador entre éste y el conocimiento. Pareciera ser que este paradigma es nuevo, pero en realidad ya fue creado, en parte, hace bastante tiempo, cuando en 1658, el famoso pedagogo checo Juan Amos Comenius, en su obra “Schola Ludus”, proponía realizar pequeños dramas interpretados por los estudiantes, es decir, donde el que debía trabajar era el alumno y el profesor sólo ser el guía de ese proceso de aprendizaje. Sin embargo, esta propuesta original, ha tenido hasta el momento, poco eco, pues requiere de mucha imaginación, creatividad y dedicación, cosa que los profesores chilenos, en general no estamos dispuestos a dar, ya que es más fácil, dictar el concepto o el contenido que diseñar estrategias de trabajo para el alumno. En la actualidad el desafío es mayor, ya que debemos ser capaces de crear proyectos que compitan exitosamente contra la televisión, los video juegos, el chat, los juegos en línea, etc. logrando enganchar a los estudiantes por semanas y meses en experiencias inolvidables y que les permita adquirir e internalizar objetivos curriculares.

El trabajo del profesor en la sala de clases, siempre debe tender a la enseñanza y evaluación de los contenidos educativos: conceptuales, procedimentales y actitudinales, puesto que la educación debe ser integral, poniendo especial énfasis en las habilidades y los valores humanos.

En la actualidad se defiende un tipo de escuela centrada en el enseñar a pensar, tratando de desarrollar las capacidades, las destrezas y las habilidades del aprendiz por medio de contenidos y procedimientos. Sabemos que la escuela es un ámbito protagónico de socialización que incide en la construcción de la cultura, permitiendo perpetuar o modificar formas de pensamiento y de acción social. A su vez, durante el proceso de enseñanza-aprendizaje se posibilita el reforzamiento o debilitamiento de la individualidad y de la identidad. En este sentido, los docentes pueden promover una participación equitativa entre las niñas y los niños, evitando reforzar los estereotipos de género y la discriminación. Por tanto, la principal tarea es fomentar la comunicación, la cohesión, la colaboración y el trabajo en equipo. Sólo así, es posible cambiar los mecanismos que se han enquistado durante generaciones respecto de los roles y características culturales.

Los contenidos deben ser abordados según la cultura a la que pertenecen, ya que esto permite la cercanía y la riqueza significante de los aprendizajes. Es fundamental respetar, conocer y considerar los aspectos formales de cómo aprenden las niñas y niños, sus ritmos de asimilación, sus modos de pensamiento, su fertilidad imaginativa, sus estereotipos de género, entre otras cosas.

En nuestro país que se adelanta cada vez más, que presenta un futuro casi incierto en lo profesional, con un entorno cambiante, creo que el currículo debe ser referido en capacidades y competencias a adquirir. Y que lleven a los educandos a un Aprender a hacer, en donde sean capaces de transformar por sí solos un conocimiento. Por ejemplo en matemática, resolver un problema; en Lenguaje, contar una historia nueva con lo conocido.

La contextualización de los contenidos educativos se reflejan en las ideas movilizadoras del Proyecto de Mejoramiento Educativo, P.M.E., la J.E.C., el SNED, Montegrande. Como consecuencia se espera que estas medidas tengan una activación de las capacidades de creación, iniciativa y autonomía profesional de los docentes y un cambio de la cultura organizacional de las escuelas. Esto debería facilitar el desarrollo de propuestas pedagógicas de calidad pertinentes a cada realidad educativa.